Demasiado turismo rural
Apr 18th, 2011 Posted in Uncategorized | Comments Off
Asturias acumula un exceso de alojamientos rurales que hace necesario frenar la apertura de nuevos negocios en los municipios donde la «saturación» es patente. Así lo estima la Federación Asturiana de Turismo Rural (Fastur), principal entidad del sector, con 550 empresas asociadas.
Benardo Alija, presidente de Fastur, propietario de un hotel en Cudillero, y el vicepresidente Adriano Verdasco, que tiene su negocio en Villar de Vildas (Somiedo), consideran que la oferta rural «ha tocado techo», con cerca de 4.000 alojamientos, de los que 1.580 son casas rurales y el resto hoteles y apartamentos. El 50 por ciento de la oferta se concentra en los municipios orientales de Llanes, Piloña, Cangas, Villaviciosa, Cabrales y Parres. El total de plazas es de 14.900.
El Principado cuenta con once casas de aldea por cada 10.000 habitantes, cuando la media española es de cuatro por 10.000, según explica el presidente de la asociación de Turismo Sostenible de la reserva de la Biosfera Oscos-Eo, Miguel Trevín. Verdasco considera que la oferta comenzó a superar a la demanda en 2003, cuando los hosteleros comenzaron a notar caídas en la ocupación.
Por eso, los empresarios reclaman al Principado una regulación que frene el «intrusismo» que padecen por parte de quienes alquilan casas o habitaciones sin licencia. Aunque la Dirección General de Turismo impuso el año pasado un centenar de sanciones que llevaron aparejado el cierre de establecimientos, los hosteleros consideran que «no es suficiente» y que el turismo rural ilegal «prolifera».
Alija pone como ejemplo Cudillero, donde los empresarios han enviado al Principado una lista con una veintena de establecimientos ilegales. Verdasco, que se asentó en Villar de Vildas hace 16 años, defiende que sólo puedan abrir alojamientos rurales quienes vivan en el pueblo o acrediten al menos cinco años de experiencia en el sector. «Los dueños de muchas casas no pisan las aldeas y desconocen la realidad, los turistas llegan y no tienen dónde comprar pan», comenta. A la competencia desleal se une el fraude fiscal que cometen los «ilegales», con precios más bajos que los del mercado oficial, y con servicios que no se ajustan a la normativa. La abundancia de camas hoteleras contrasta con la escasez de restaurantes y cafeterías. «De nada sirve una casa muy lujosa si en 30 kilómetros los visitantes no tienen donde ir a comer», señala Adriano Verdasco.
A los hosteleros les preocupa la imagen que transmiten a los visitantes que buscan naturaleza y paisaje, el recurso que más valora el 38 por ciento de los viajeros.
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